La “Reforma política”:otro parto de los montes

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Y la montaña parió un ratón. Después de rimbombantes anuncios y publicitadas reuniones con políticos, académicos, magistrados y cuanto bicho anduviera caminando por el vecindario y pese a la garra que le puso Rogelio Frigerio se terminó en una modesta reforma electoral de apuro que nadie entiende muy bien en que consiste, salvo la meneada cuestión de la BUE (boleta única electrónica) que tampoco está muy claro cómo se va a implementar.

Ya de entrada el macrismo metió la pata con el bautismo de la nonata criatura como “reforma política”, una entelequia que sirve tanto para un barrido como para un fregado (o para entusiasmar giles) pero que en definitiva en estas circunstancias tiene tanto contenido como una bolsa de aire.

En efecto, reforma política, lo que se dice reforma política fue la que se hizo en España en 1977 para establecer las pautas de la llamada transición del dictatorial régimen franquista a un sistema democrático plasmadas en la ley 1 que fue consensuada entre todas las fuerzas políticas y quintaesencia del “Pacto de la Moncloa”. Llamar a estas veleidades de la actualidad argentina de la misma manera es como llamar joya a una bijouterie, porque para que las reformas produzcan cambios deben ser estructurales no mera cosmética.

Sin embargo, es muy bueno que aunque sea intuitivamente se haya puesto el foco en la necesidad de purificar los procesos electorales con el objetivo -todavía lejano- de asegurar que se respete la voluntad soberana del elector que es la piedra angular de toda arquitectura normativa electoral.

Es que como sentenció el tan brillante como poco conocido pensamiento de don José Ortega y Gasset luego de su paso por la Cámara de Diputados de la II República de España “La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario.”

Traducido al criollo esta admonición significa que las manipulaciones del sistema electoral -que son una arraigada costumbre en este país- son las llaves que abren las puertas a la permanencia de una facción en el gobierno y semillero de deformaciones políticas que generan corrupción, nepotismo, atropello de las minorías y la consecuente deformación de todo el sistema democrático que termina convirtiéndose en una fachada al servicio del saqueo legalizado.

El tema es de vieja data. Desde las circunscripciones electorales dibujadas primero por Roca en 1902 y luego por el gobierno peronista en 1951 pasando por la ley de lemas, el tridente peronista de Duhalde gracias al cual tuvimos 12 años de kirchnerismo, el “voto joven”, o las más recientes internas abiertas obligatorias se han manoseado los procedimientos electorales en función de la conservación del poder y no de respetar la auténtica expresión popular que es la esencia del principio de la soberanía popular tantas veces declamado y tantas otras malversado.

Salvando las buenas intenciones de los promotores de la reforma electoral, lo cierto es que el sistema está aún lleno de parches y lagunas que no se van a remediar mientras las modificaciones se hagan en función de pactos políticos o conveniencias circunstanciales de los partidos mayoritarios y no de la protección de la voluntad de los ciudadanos.

Luis Orea Campos

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Estado de sitio

EdS102

Por Luis Orea Campos

Con toda franqueza, los analistas, académicos y dirigentes políticos que acusan al gobierno de querer “conservar el poder” a cualquier precio dan tirria. Se está perpetrando ante sus narices un golpe de estado en cámara lenta y se pasan haciendo comentarios de peluquería.

Mientras discurren sobre la desmitificación del síndrome del pato rengo, el fenómeno de la popularidad de Scioli o la constitucionalidad de la expulsión del juez Cabral, el plan de control total sigue a paso redoblado llevándose por delante todas las instituciones que resguardan la libertad y los bienes de los ciudadanos.

Renombrados periodistas y dirigentes de diversas extracciones se horrorizan como primorosas señoritas en un burdel citadino de la procacidad del elenco gobernante, cuando no cierran con prudencia el pico para no ahuyentar votantes.

Suponer que con estos atropellos el kirchnerismo “sólo” quiere conservar una importante cuota del poder o “blindar a la dama” y a sus cortesanos ante previsibles indagaciones judiciales futuras es muy propio de la miopía y la estulticia que padece la gran mayoría de quienes aspiran a suplantar a  los actuales detentadores del poder. Y el error es grave, porque lo que quiere el kirchnerismo no es conservar el poder sino el dominio total y absoluto de la sociedad, ponerla en un virtual estado de sitio permanente como colofón de las “modificaciones” que están en marcha a golpe de furca.

A eso apuntan todas las medidas adoptadas y las que se van a adoptar en los pocos meses que faltan para las elecciones generales. Por eso el consigilieri de la presidente no se anda con remilgos a la hora de aplicar el conocido (¿O no tanto?) apotegma de su idolatrado Mao: “el poder nace de la boca del fusil”

Claro que lo hace en versión siglo XXI y ordena a los 140 y pico de fusileros que tiene en ese aguantadero que llaman Congreso disparar fuego graneado en clave de ley sobre la justicia o sobre quien sea para derribar la última valla que separa al país de un régimen totalitario disfrazado de democrático.

Alguien puede pensar que esta prospección es exagerada como lo pensaron muchos cuando en mayo 2011 aquí, en el Informador Público y en otra hoja, se anticipó todo lo que iba a pasar si el kirchnerismo ganaba las elecciones en las cuatro notas tituladas “El huevo de la serpiente”. Y todo lo que se anunció luego pasó mientras la sociedad gemía plañideramente sus inútiles lamentos a pesar de haber visto a través de la delgada tela del huevo el retoño  de la feroz serpiente que aún destila acciones envenenadas.

¿Qué es el estado de sitio sino la suspensión “transitoria” de toda garantía constitucional?¿Y qué es lo que están haciendo de facto y virtualmente el gobierno y su escribanía parlamentaria? ¿Videla no tenía acaso la “Comisión de Asesoramiento Legislativo”(CAL) que dictaba a su orden todas las normas necesarias para legitimar las atrocidades de la dictadura?¿Cuál es la diferencia con el presente?¿Los aburridos, mediocres y estériles discursos de los opositores?

Si la Corte Suprema no frena de inmediato esta ordalía de abusos, fiscales y jueces permeables al poder político por miedo o complicidad  instalarán un virtual estado de sitio en el que todos los ciudadanos vivirán una ilusión de democracia, en el que su libertad, sus derechos y sus bienes también serán una ilusión transitoria,  expuesta a la arbitrariedad de los miembros de la nomenklatura y sus sicarios fiscales, legislativos y judiciales.

Como sea, no es una tarea fácil para el Alto Tribunal detener el golpe, porque debajo de la superficie de aparente normalidad hay miedo, y fundado, ya que razonablemente nadie quiere ser “inducido” al suicidio o convertirse en el blanco móvil de los fusileros mediáticos del gobierno en el marco de una sociedad acomodaticia que no considera necesario reaccionar, y que como ya hizo en otros momentos aciagos de la historia del país no sabe, no contesta.

El misterioso encanto del señor Scioli

Scioli pensandoQue Mr. Scioli es un fenómeno político está fuera de discusión. Su falta de luces es tan brillante que encandila, pero su nombre rebota por aquí y por allá, se sumerge y vuelve a emerger, desaparece y vuelve a aparecer en las
inestables arenas de la política argentina como candidato a todo. Carente absoluto de ideología alguna, predicador irredento de los más comunes de los lugares comunes, autor de  frases célebres por su profundidad como la olvidable “con el hambre no se jode” y de iniciativas tan peregrinas como la baja de la edad de la imputabilidad, ha vuelto del infierno de su impotencia frente a la inseguridad para sonar en los cenáculos políticos como el “candidato de reserva” para candidaturas varias tanto en los cálculos estratégicos del Peronismo Federal como del kirchnerismo.

Su reconocida ubicuidad y su dignidad de goma, que los malpensados tildan de “felpudismo”, ha llevado al extremo de que  algunos analistas de pluma estelar –  los mismos que se admiraban del brillante intelecto de Cristina Kirchner – en el paroxismo de su desconcierto,  comparen metafóricamente su sumisión canina ante las afrentas y las exigencias de sus patrones políticos con la enorme dignidad de Mohandas Karamchand Gandhi frente al poder de los conquistadores ingleses.

Como en una charada diabólica es tan difícil decir de él algo malo como algo bueno. ¿Quién puede decir que una infusión de boldo es nociva?  Y por el contrario ¿Quien puede asegurar que sirve para algo?.  Increíblemente ése, es su mejor capital para figurar en los primeros escalones de algunas encuestas y fantasear con sueños presidenciales.

La insoportable levedad de su consistencia política surge ante el mínima contraste de su limitado discurso de 300 palabras con la solvencia intelectual de un Fernando Henrique Cardoso, la profundidad del pensamiento de un Pepe Mujica,  la autoridad moral de un Lula Da Silva o la talentosa lucidez de un Alan García por citar sólo ejemplos vecinos.

Es cierto que la comparación puede parecer injusta porque todos ellos se han forjado desde su mas temprana juventud en las luchas políticas de altura, preñadas de ideales y de legítimas ambiciones de protagonismo, han ganado y perdido mil batallas y su personalidad se ha acrisolado en los avatares de esos combates de ideas sobre lo que es mejor para una sociedad. Detrás de ellos hay una larga historia. Detrás de Mr. Scioli poco y ligth.

Pero eso es lo que vuelve aún mas misterioso el nivel de expectativas electorales que despierta un sujeto políticamente anodino, cuyos pálidos blasones se emparentan más con las carreras de lanchas que con la cosa pública  y cuyas luchas políticas se reducen al uso propagandístico de su fama deportiva por sucesivos mentores  y a esquivar balas y doblar las rodillas con una impenetrable sonrisa de plástico en las miserables reyertas partidarias libradas en los sótanos de la política.

Sin embargo, la explicación de la misteriosa performance de este personaje no es tan compleja como puede parecer a los asombrados observadores del acontecer político de la Argentina.  Mr. Scioli no es un fenómeno en sí mismo, es la síntesis humana de un fenómeno social que no es exclusivo de la Argentina, es el jardinero Chance creado por el genio del escritor polaco Jerzy Kosinski que inmortalizó el inolvidable Peter Sellers en la película “Desde el jardín” o “Being there” en su título original.

Para los que no la vieron, se trata de la historia del jardinero Chance, un analfabeto al cual una serie de coincidencias lo lleva a vivir en la casa de un millonario, donde muy pronto su extraña manera de pensar y sus simplones refranes de inspiración botánica son tomados como perlas de sabiduría. Su fama crece y crece, pero él no se inmuta hasta que, paso a paso las casualidades y la ausencia generalizada de materia gris lo llevan a ser propuesto ….. para presidente de los EEUU!!!.

Que cierta parte de la dirigencia peronista  esté cifrando en la supuesta popularidad de Mr. Scioli sus esperanzas de continuar en el poder no es para nada extraño dado el nivel subsolar de sus líderes, que huérfanos de la grandeza política que se necesita para proyectar a la Argentina hacia su integración al mundo desarrollado, se aferran a cualquier mariposa de colores que atraiga votos con tal de ganar la siguiente elección y acceder a o mantener su mezquina cuota de poder..

Sin duda, el mismo Mr. Scioli, con su reconocida enjundia intelectual podría sintetizar en una de sus sabias máximas  la razón suficiente que explica esta distorsión sociológica que lo único que promete es llevar al país a su enésima frustración: “Es lo que hay”

N.R.:esto fue publicado el 17 de octubre de 2010

En el reino de la hipocresía judicial

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Por Juan Ruiz

El 16 de mayo de 2014 la ciudadana argentina Mónica Anabel Murciano descendió del avión que la llevaba a San Pablo junto con sus hijos Clara y Richard para cumplir la orden judicial expedida por la jueza argentina Silvia Guahnon fundada en que en virtud del “interés superior de los niños” debían volver al país (Brasil) en el cual residía su ex marido del cual se había separado y resolver allí la cuestión de la custodia.

De inmediato, según relata la víctima de este episodio funambulesco en su página de Facebook, http://tinyurl.com/mazohmt, “me estaba esperando un oficial de justicia junto a dos policías y una camioneta blanca en la pista de aterrizaje, me arrebataron a mis hijos Clara y Richard de y 4 y 7 años, que gritaban y daban patadas, para poder liberarse de las manos de esos extraños, yo me descompuse y me caí en medio de la pista mientras veía la camioneta blanca irse, y nadie me asistió”

Para hacerla corta, luego de que el tipo consiguiera que le “restituyeran” los hijos al poco tiempo incumplió los términos de la sentencia brasileña y desapareció con ellos violando la interdicción de salida. Luego de ser buscado intensamente Interpol lo localizó… en Hong Kong, donde hoy se libra la batalla judicial http://tinyurl.com/q6ab8sl por la tenencia.

Recientemente este drama maternal se repitió en un caso similar que tuvo gran repercusión pública cuando el marido estadounidense de Ana Alianelli intentó escaparse con los hijos de la pareja en un aeropuerto para eludir la audiencia que debía realizarse en Aspen (Colorado) luego de que la justicia argentina le entregara los menores prohibiendo a la madre que se les acercara.

¿Cuál es el origen de estos episodios traumáticos que someten a los niños y a sus madres a los avatares de una verdadera película de terror? Se llama “Convención de La Haya sobre sustracción internacional de menores” y es un tratado supranacional del que la Argentina es parte.

Esta normativa está destinada a evitar que uno de los progenitores cambie unilateralmente el lugar de residencia de los hijos de ambos estableciendo en su articulado un mecanismo que se supone debería resultar en el inmediato regreso al país de “residencia habitual” para que las cuestiones relativas a la custodia sean resueltas ahí.

Irónicamente en teoría el nervio central de esta estructura jurídica es la preservación del “interés superior del niño” concepto éste acuñado en la Convención sobre los Derechos del Niño celebrada por países integrantes de las Naciones Unidas en 1989 que dada su consistencia gaseosa cada juez interpreta a su manera.

En la Argentina ya hay un criterio sentado en la justicia respecto del significado de esa misteriosa directiva: no importa si el progenitor requirente es violento, maltratador o psicópata -como sucede en la mayoría de los casos en que la mujer huye del hogar con sus hijos-, no importa el feroz trauma que le provoca a los niños verse separado brutalmente de su madre, no importa lo que todos los jueces saben que el marido tratará de impedir a la mujer el contacto con sus hijos escudándose en la justicia de su país que por supuesto no escuchará a una sudaca atrevida que desafió su ley, no importa que hayan transcurrido varios años y los niños se hayan afincado en el país, no, hay que mandar de vuelta a la desacatada y sus retoños para que se arrastre delante de los estrados extranjeros y arregle sus asuntos por su cuenta gastando fortunas que no tiene en euros o dólares para pagar abogados.

¿Y el interés superior del niño? “Eso es una entelequia” le dijo un juez en cruda confidencia a un letrado “nosotros no estamos para hacernos cargo de los problemas de las madres y de los chicos sino para aplicar la ley”

Obviamente esa actitud ponciopilatesca se lleva a cabo mientras en sus fallos los togados se hacen gárgaras con la declaración universal de los derechos del niño, el interés superior del niño y toda esa parafernalia semántica detrás de la que ocultan hipócritamente no sólo una realidad tan brutal como puede ser la separación de niños de corta edad de su madre sino su temor a la reprimenda de alguna Corte internacional a sabiendas de que le están produciendo al menor un daño psicológico irreparable. Como dicen las películas americanas, un daño colateral.

Porque hay que ser caradura para escribir en una sentencia que un niño que vivió cinco o seis años en la Argentina “no cumple el estándar del art. 12 del Convenio de La Haya” que dice expresamente que no es obligatoria la “restitución” de esa cosa llamada niño cuando quede demostrado que el menor “ha quedado integrado en su nuevo ambiente”

No hace falta ser un erudito para darse cuenta sin necesidad de prueba alguna de que un niño en ese tiempo se hizo de amigos, compañeros, familiares, un hogar y un ámbito conocido y amigable, es decir que ha echado raíces, se ha integrado al medio, pero para la justicia argentina el respeto al interés superior del niño no consiste en el respeto a su inteligencia emocional, a su voluntad de permanencia, a la intensidad de su vínculo materno filial sino en el regreso a su país natal aunque ello importe, como es común, destrozarlo emocionalmente.

Porque lo que no tienen en cuenta esos magistrados -y algunos “defensores de menores” es que los niños no tienen nacionalidad, son niños aquí y en cualquier lugar del planeta, nada saben de leyes desgraciadas que dictan los adultos, y su primer deber es proteger su integridad humana adoptando la solución que mejor atienda a la preservación de su esfera afectiva concreta y su desarrollo armónico, no el intangible “interés superior” con que adornan sus sentencias para simular que cumplen con el objetivo enunciado en la Declaración de los Derechos del Niño: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado de todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente, en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad.”

 

 

Grave desidia legislativa y judicial

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Ante 25.000 fieles el Papa habló de la “infancia robada”. ¿Estarán incluidos los niños separados de sus madres por la justicia argentina?

Un comentario de lectores inserto al pie del artículo periodístico publicado hace dos días en el matutino Clarín en el que se reseñaba el reciente caso de dos niñas de 6 y 8 años separadas de su madre argentina y enviadas a los EEUU por decisión judicial viene a reavivar el debate sobre una cuestión que constituye una asignatura pendiente tanto para el Congreso como para el Poder Judicial.

Entre muchas muestras de poco o ningún respeto por el dolor de la madre y de las niñas lanzadas por desaprensivos comentaristas que ilustran con justeza aquella famosa figura orteguiana de “la invasión vertical de los bárbaros” el autor se pregunta “¿A alguien se le ocurrió pedirle su opinión a las chicas?” La respuesta muy probable es no, y aunque a algún juez se le hubiera ocurrido ¿Qué valor puede tener lo que piensen dos niñas de corta edad de la brutal separación de su progenitora?

Sin embargo, la Convención sobre los Derechos del Niño de la cual nuestro país es signatario establece expresamente en su art. 12 inciso 2): “Con tal fin, se dará en particular al niño oportunidad de ser escuchado en todo procedimiento judicial o administrativo que afecte al niño, ya sea directamente o por medio de un representante o de un órgano apropiado, en consonancia con las normas de procedimientos de la ley nacional.”

A su vez la ley nacional 26.061 imperativamente dispone en su art. 2: “La Convención sobre los Derechos del Niño es de aplicación obligatoria en las condiciones de su vigencia, en todo acto, decisión o medida administrativa, judicial o de cualquier naturaleza que se adopte respecto de las personas hasta los dieciocho años de edad. Las niñas, niños o adolescentes tienen derecho a ser oídos y atendidos cualquiera sea la forma en que se manifiesten, en todos los ámbitos. Los derechos y las garantías de los sujetos de esta ley son de orden público, irrenunciables, interdependientes, indivisibles e intransigibles”, norma que es complementada por los incs. a) y b) del art. 27 que establece el derecho de la niña, niño o adolescente a ser oído ante la autoridad competente cada vez que así lo solicite, y que su opinión sea tomada primordialmente en cuenta al momento de arribar a una decisión que lo afecte. ¿Obligatoria?

Pero ¿Cómo se ponen en acto estos buenos deseos? A través de una figura ex profeso desconocida en el ámbito judicial: el abogado del niño, previsto en el inciso c) que asegura al niño el derecho a ser asistido desde el inicio mismo del procedimiento por un letrado preferentemente especializado en niñez y adolescencia, agregando además que en caso de carecer de recursos económicos el Estado deberá asignarle de oficio un letrado que lo patrocine.

Y aquí valen varias aclaraciones. El abogado patrocinante de la madre o del padre en su caso no es el abogado del niño. Tampoco lo es el Defensor de Menores como sostienen algunos autores, porque en general los defensores oficiales no defienden a los niños sino prioritariamente su cargo en el escalafón o su prestigio académico, y en el mejor de los casos, el orden público de la minoridad.

Como ejemplo vale el caso de un afamado Defensor que en un reciente dictamen, para justificar la restitución de dos niños a pesar de que su padre había consentido y autorizado la residencia permanente de ellos en la Argentina como lo certificó la Cancillería rechazando el pedido administrativo de restitución, realizó una singular pirueta semántica afirmando que “permanente” no quiere decir “permanente” como dice la Real Academia sino “por un tiempo”. Él también manipuló la designación de una perito psicóloga que en su dictamen se recibió de vidente asegurando muy suelta de cuerpo que el regreso de los niños “no significaba para ellos ningún peligro psíquico ni físico” poco tiempo antes de que se desatara la ola de atentados que conmovió a Europa. ¿El legítimo derecho de los menores a permanecer con su madre? Bien, gracias.

No está de más señalar que los niños nacidos en el extranjero de madre argentina son también argentinos de acuerdo con el art. 89 CN y ley 346 art. 2°, pero a la hora de facilitar el ejercicio de su defensa algunos jueces del Estado parecen olvidarlo completamente.

El citado artículo de la ley que impone la obligatoriedad del abogado del niño no ha sido reglamentado en ningún código procesal del país excepción hecha de la provincia de Buenos Aires que sancionó la ley 14.568 creando el registro de abogados del niño.

Tampoco la Nación se interesó en el tema desconociendo olímpicamente lo firmado en la Convención debido mayormente a la renuencia de los jueces a tener en el proceso a un molesto sujeto que le obligue a considerar la opinión de los niños perjudicados para la resolución de los casos sometidos a su conocimiento. Como es obvio a los legisladores tampoco les preocupa mucho la cuestión dado que están ocupados en temas más trascendentes como la declaración del mate como bebida nacional y otras prioridades por el estilo cuando no en asegurarse el futuro.

Como consecuencia de esta situación todo el palabrerío acerca de los derechos de los niños es simplemente un divague intelectual destinado a tranquilizar la conciencia de jueces que cometen a sabiendas atrocidades con los infantes escudados en “el cumplimiento de tratados internacionales” que no respetan cuando se trata de la defensa del niño por un abogado independiente, criterio que, valga señalar baja desde la cúspide de ese poder del Estado.

El precio de estas decisiones inhumanas lo pagan como siempre los más indefensos con el dolor y la amputación emocional de verse alejados sin misericordia alguna de aquella persona, su madre, que la hipocresía del mundo homenajea con aparatosidad pero que a la hora de la verdad los jueces sacrifican sin piedad en aras de un nebuloso “interés superior del niño”.

 

ZETA

Zeta

 

Después que el dirigente demócrata Gregoris Lambakis fuera asesinado en mayo de 1963 por orden de la dictadura que sometía a Grecia el pueblo de Salónica escribía  durante meses “Zei”(él vive) en los muros, en la piedra, en las calles, con sangre y con cenizas para expresar su indignación ante los abusos de la cúpula que detentaba el poder. Al funeral en Atenas, acudieron cerca de 500.000 personas gritando consignas de repulsa contra el asesinato.

La muerte del político desencadenó una crisis política sin precedentes, los partidos de derecha, el conjunto de los de centro y la prensa de izquierdas hablaban desde el primer momento de un asesinato organizado. La versión de la policía que  apoyó tenazmente el gobierno del país era que se trataba de un accidente de coche.

Pero un grupo de fiscales y jueces valerosos e implacables sorteó todos los intentos del gobierno por presionarlos, ocultar pruebas y hacer pasar el asesinato por un accidente. Persiguió, enjuició y encarceló a los responsables del atentado entre los que se encontraban altos funcionarios del Estado.

Este hecho histórico fue recogido en una novela por Vasilis Vasilikos e inmortalizado en el celuloide por el genial Costa Gavras en el año 1969. Su título: “Z” (Zeta).En una de las escenas mas significativas del film el juez le dice al fiscal general:
-“La autopsia dice que fue golpeado con una porra en la cabeza.”
-“No se preocupe – le contesta el jefe de los fiscales – la contra-autopsia demostrará que es un error y anulará los resultados… yo creo que fue un accidente, mire este caso puede catapultar su carrera o hundirla para siempre, está en su mano.” Cualquier parecido con nuestra realidad …

Salvando las enormes distancias circunstanciales de modo, tiempo y lugar, la muerte del fiscal  Nisman también ha disparado en la sociedad argentina una especie de misil emocional que derribó las barreras de temor y autorrepresión generadas por una muy extendida confusión sobre  los valores de la democracia. Por fin la gente pareció entender que ganar una elección no da derecho a hacer cualquier cosa.

Por eso a nadie le extrañó que un secretario general después de la marcha haya salido exaltado a repartir veladas amenazas de corte mafioso y que una presidente desquiciada vomite por twitter y facebook un rosario de sandeces dictado por la frustración y el rencor segregados por su propia incompetencia porque eso es lo único que saben hacer  execrables personajes cegados por el odio y alterados por el pánico que les provoca la visión del negro futuro que saben los espera a la vuelta de la esquina.

Mas allá de lo anecdótico de estas reacciones oficiales lo realmente importante es que además de reclamar acción a los magistrados la sociedad argentina en su conjunto también  haga su mea culpa, aunque dicho sea de paso los antecedentes no dejan mucho lugar para la esperanza de que tal cosa ocurra. Si llegamos a estos extremos es porque la gente por comodidad o egoísmo no hizo caso de las abundantes señales que iba dejando en su tortuoso camino la banda de rapaces saqueadores que irrumpió en el poder en la Argentina de 2003.

Varios analistas supieron leer entre la humareda ese mensaje lanzado hacia los hombres de la justicia desde la marcha de los paraguas, pero se olvidaron de señalar que de nada sirve que incentivados por la emoción ahora los destinatarios activen causas antes morosamente cajoneadas en los despachos por miedo – justificado por cierto – a las represaliasde un régimen vengativo sostenido por mercenarios legislativos siempre dispuestos a acompañar los golpes de furca propinados a diestra y siniestra al ritmo  candombero  de los delirios y caprichos de una persona notoriamente alejada de la ecuanimidad que debe guardar un gobernante secundada por una corte de repugnantes amanuenses.

En efecto, la marcha del silencio tuvo las connotaciones de un pacto entre los representantes de la justicia y la gente con el objeto de terminar con los reiterados abusos del régimen en todos los órdenes. Pero ese contrato social está destinado a seguir la suerte de tantos otros fracasados en el pasado a  menos que exista la fuerte voluntad de mantenerlo vigente cualquiera sea el color de quienes gobiernan. Se trata nada más ni nada menos que  de entender los unos y los otros que no es posible una sociedad armoniosa, productiva y pacífica si no se respetan las reglas de convivencia.

Se trata de entender de una buena vez para siempre que la falta de idoneidad, la agresión permanente como sistema, la descalificación y el agravio para quienes osan criticarlos, la perversión de las instituciones, la utilización de los mecanismos del estado para el enriquecimiento personal y la instalación del miedo social desde el gobierno tienen graves consecuencias de larga permanencia en el tiempo.

Si esto no ocurre la muerte del fiscal habrá sido sólo una anécdota morbosa más de las tantas que jalonan la historia  política de este país, los ríos de tinta que se han derramado con motivo de la muerte de Nisman habrán ido a desembocar como tantas otras veces en el ancho mar de la proverbial amnesia argentina y en poco tiempo la sociedad volverá  a remontar penosamente la simbólica roca de  Sisifo en el inframundo en que la sumió el kirchnerismo.

 

El síndrome Estomba

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No, no es un error de tipeo. No se trata del síndrome de Estocolmo sino del coronel Ramón Estomba militar de origen uruguayo  fundador de la ciudad de Bahía Blanca y figura destacada  de la gesta libertaria del  sur del continente americano.

Aunque hay diversas versiones sobre el punto, algunos de sus biógrafos especulan que fueron las tensiones y sufrimientos propios de los combates y de los años que estuvo detenido en prisiones españolas la causa de una demencia  precoz que lo llevó a la muerte a los 38 años.

Parece estar demostrado que el exceso de sufrimientos y de situaciones de ansiedad pueden

hacer perder la razón a algunas personas, de modo temporal, y hasta permanente. No siempre se tiene la fuerza espiritual para soportar grandes vicisitudes.

Estomba fue un oficial de las milicias criollas que gozaba del respeto de sus subordinados, circunstancia ésta que posibilitó la ocurrencia de actos incomprensibles de su parte ante el estupor y la incertidumbre de quienes servían a sus órdenes.

Mientras la enfermedad se iba apoderando gradualmente de sus facultades mentales  sin que los  pocos que se daban cuenta se atrevieran a mencionarlo por temor a las terribles represalias de que podían ser objeto – debido a que una de las manifestaciones más evidentes era precisamente su enfermiza tendencia a ver conspiraciones de todo tipo a su alrededor – perpetraba actos de una ferocidad aterradora como fusilar a cañón a personas atadas a la boca del arma por simples sospechas de traición.

“Cuando en febrero de 1829, luego del levantamiento decembrino y el fusilamiento de Dorrego, y el fuego de la guerra civil y los desencuentros políticos marcaran el inicio de la vida argentina, Estomba tomó partido por el unitarismo y se unió a Lavalle para pelear contra Rosas, comenzaron a percibirse los primeros signos inequívocos de deterioro mental, con órdenes contradictorias, marchas y contramarchas y un despliegue de rigurosidad excesiva, lo que comenzó a dar sospechas a sus subalternos, que se vieron obligados a degüellos y matanzas sin sentido, en la campaña de persecución lanzada sobre los federales.” (Interdefensa, ”La locura del  coronel Estomba”)

También Roberto  Sahores relata sobre esto en “La Nueva Provincia” que  “Los  oficiales  se miraban  entre  sí ,  desconcertados,   interrogándose mudamente,   temerosos  de  cualquier gesto  que  permitiera  suponer  controvertir  (y mucho menos  desobedecer)  las  instrucciones  que  emanaban  del comandante,   que,   al  frente  de  la  columna,   oteaba  el  horizonte  como  una  fiera.”

Por su parte Paul Grossac en su obra “Estudios de Historia Argentina” describe que “Estomba, a la cabeza de su división extenuada y hambrienta, se hundía durante semanas por los desiertos pampeanos, prodigando las marchas y las proclamas igualmente incomprensibles, hasta que un ataque de delirio agudo diera la clave de su conducta fantástica. ¡Y reviste aspecto shakespiriano aquel errar en el vacío de los escuadrones que siguen ejecutando, esclavos de la disciplina, las órdenes y contraórdenes inexplicables de un demente.”

El asunto viene a colación porque aunque hoy existen medicinas de alta calidad la preocupación de muchos que abrigan dudas sobre el equilibrio mental de la titular del Ejecutivo no es vana, ya que el peligro que significa una persona con mando y poder de fuego cuando no está en su cabales y confunde la realidad con sus propias fantasías como producto de una patológica inestabilidad emocional y  psíquica provocada por la presión de circunstancias adversas es grave, porque generalmente cuando se asume la seriedad de la situación y se adoptan medidas ya es larga la lista de  víctimas y destrozos causados por el enfermo. Y  la destrucción es directamente proporcional al poder del que dispone.