Los partidos políticos y el inútil tutelaje estatal

 

Desde hace mucho tiempo hay en ciertos cenáculos académicos, parlamentarios y judiciales una tan extendida como infundada creencia de que es posible convertir a los partidos políticos en una especie de templos de civismo mediante un molde jurídico ideal cimentado en tan profusas como ineficaces regulaciones legales de la actividad partidaria para así satisfacer algunas tan legítimas como líricas aspiraciones de una opinión pública descreída de las instituciones políticas.

Tal concepción parte de una anacrónica visión autoritaria que pone al Estado – a través del poder judicial – como un vigilante cuestor del cumplimiento de reglas excesivas que no hacen sino entorpecer la vida partidaria y desnaturalizar  la esencia de ese instituto contribuyendo así a la decadencia que lo aqueja imponiendo exigencias que no se compadecen con su virtualidad constitutiva.

No por nada el primer esbozo de encorsetamiento legal de los partidos nació en una dictadura: fue la pretensión del dictador José Félix Uriburu de perpetuarse “democráticamente” materializada por la pluma de sus amanuenses la que dio a luz el decreto 4 de agosto de 1931. Esta concepción filoleninista del partido político subsiste hasta nuestros días.

Volviendo a la actualidad, lo paradójico del caso es que esa abusiva intromisión del Estado en lo que la Suprema Corte calificó en varios fallos como “zona de reserva” de los partidos en lugar de contribuir a la maduración de esas instituciones las asfixió y redujo – justicia electoral mediante – a meras referencias dispersas y anárquicas existentes sólo en los papeles cuyos dirigentes tienen como máxima aspiración integrar alianzas lideradas por una o más figuras poseedoras de cierta expectativa pública para acceder colgados de ellas a cargos electivos o ejecutivos y sus correlativas sinecuras.

Un botón de muestra de la obsolescencia de la legislación vigente en la materia está en el inciso c) del artículo 7 de la ley 23.298 regulatoria de la actividad, el que impone como requisito para la obtención de la personería jurídico política la presentación de una “declaración de principios y programa o bases de acción política, sancionados por la asamblea de fundación y constitución” y en el artículo 22 que exige una “plataforma electoral”  para participar en elecciones.

Cualquiera que haya transitado por las estructuras de un partido político sabe que tales documentos meramente formales no reflejan ni remotamente la realidad de las agrupaciones, y por lo general sólo las leen quienes las escriben porque son una mezcla indigerible de confusas expresiones de deseo y compromisos jamás cumplidos.

Las regulaciones han desfigurado y secado tanto el tuétano a los partidos a punto tal que hoy sus esqueléticas estructuras no tienen más remedio que unirse en las llamadas alianzas transitorias hoy protagonistas excluyentes del escenario electoral gracias a que la legislación les había dejado un amplio margen de acción exento de la asfixiante regulación de los partidos mencionándolas sólo en un par de artículos, aunque hoy ya se ha inmiscuido mucho más en ellas a partir de la malhadada ley 26.571.

De fuentes intelectualoides como las mencionadas al principio de esta nota es de donde surgen  ideas brillantemente equivocadas como que la eliminación de las listas sábanas – en rigor técnico listas bloqueadas o cerradas – la reducción de la cantidad de partidos, la proliferación de controles judiciales o las internas abiertas y simultáneas van a menguar significativamente el poder de las oligocracias partidarias favoreciendo la transparencia del financiamiento y el oxigenamiento del sistema de partidos.

La realidad ya ha demostrado el rotundo fracaso de tales pretensiones pero la mentalidad analógica de los encargados de proveer al electorado de mecanismos de selección adecuados se resiste a abandonar el siglo XX  y entrar en la era digital por lo que no registra las señales de una sociedad cada vez más dinámica y decidida a defender sus propias modalidades de relación y comunicación.

Por eso se insiste en la aplicación de recetas y exigencias absolutamente ineficaces  que concluyen en una virtual apropiación de los partidos por parte del Estado a través de la proliferación metastásica de regulaciones aplicadas por jueces imbuidos de la misma mentalidad decimonónica que lejos de lograr los objetivos perseguidos lo único que han conseguido es esclerosar esas “instituciones fundamentales” poniéndolas en el camino de la extinción por inanición ideológica.

Los pretensos templos de civismo imaginados por los jueces de la CNE, el periodismo y la academia son hoy ruinas humeantes que sobreviven penosamente en lo material pero sin contenido alguno en su interior donde sólo campean la ambición desmedida, la especulación y las riñas por los cargos. De proyectos y programas nada.

 

 

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Macri, su equipo y el Negro Fontanarrosa

Además de excelente persona el Negro Fontanarrosa fue un ícono del humor gráfico argentino que sigue viviendo en sus historias y creaciones, pero además será recordado en otros ámbitos por su intervención en el 3er. Congreso Internacional de la Lengua Española suceso en el cual reivindicó un verdadero hallazgo argentino, una palabra que según su propia exposición es del tipo de las que “son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por su contextura física”. Se refería al término “pelotudo” tan en boga últimamente por obra y gracia de Cristina Kirchner.

Desde muy temprana edad todo el mundo en Argentina sabe que lo que esa palabra representa va mucho mas allá de lo que puede describir una mera definición, como también ocurre con sus derivaciones como “pelotudeces”, porque resulta ser que un tipo puede no ser en realidad un pelotudo, pero ello no lo exime de cometer pelotudeces.

Ello viene a cuento porque en los medios políticos y periodísticos se está cometiendo una equivocación semántica que puede inducir a confusión y retardar la salida de ciertos embrollos que complican a un gobierno que sin duda está queriendo reconstruir todo lo que una rudimentaria pareja de bribones y sus lacayos dejaron en estado ruinoso.

Se dice que Macri y quienes lo asesoran cometen errores en la gestión de gobierno. Craso error, valga la redundancia. No cometen errores, hacen pelotudeces que es muy distinto. Y  la diferencia es fatal. Porque dejar que un abogado pistola represente al gobierno en un tema tan delicado como el de Correo Argentino huele demasiado a disimulo, bajarle 20 pesos a los jubilados o hacer móvil el feriado del 24 de marzo no son errores, son reverendas pelotudeces.

¿Y dónde está el peligro? En que las sumas de demasiadas pelotudeces inexorablemente llevan a la opinión pública y política a la conclusión de que el gobierno está lleno de pelotudos que no ve mas allá de sus egos. Y su principal opositor, y a su vez principal respaldo en cuanto a la gobernabilidad, es el peronismo real ( no su caricatura kirchnerista), que perdona errores, corrupción, chambonería, traiciones y otra serie de lindezas propias del quehacer político, pero no perdona a los pelotudos, ni los respalda, ni los acompaña. Y  estas dos variables juntas en el tiempo son letales para cualquier gobierno no peronista.

Hablar ligeramente del tema Malvinas, lanzar una suba de tarifas impopular, apoyar abiertamente a Hillary Clinton y otras medidas por el estilo son errores de gestión, que ningún gobierno está exento de cometer, mucho menos con la escasa experiencia política del actual. Pero hacer pelotudeces ya entra en otro escalón sobre todo cuando se supone que la gente que está al timón sabe mínimamente lo que hace.

Paradójicamente si bien Macri y su equipo están frente a la salida pero no encuentran la puerta  – y eso puede ser catastrófico cuando la gran mayoría de la población está galgueando –  la solución es muy fácil: parafraseando al filósofo sindical Luis Barrionuevo hay de dejarse de hacer y decir pelotudeces por dos años, porque empañan los cimientos que Macri está poniendo  para construir una Argentina diferente, e integrada al mundo, sin piqueteros ni cortes, tarea que si siguen las pelotudeces puede ser abortada por gente muy jodida que las explote para crear el caos, porque como decía el Negro “el camino al cielo podría ser más corto, pero sería más empinado.”

 

 

 

 

 

Bullrich y Sarmiento:la diferencia entre decir y hacer

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Los detractores de Domingo Faustino Sarmiento – que son muchos para satisfacción de ciertos políticos que viven de la ignorancia popular – en general son personas que desconocen absolutamente la historia del prócer, pero han comprado a perpetuidad las diatribas que supuestos defensores de la soberanía nacional y popular han sembrado y siguen sembrando en una visión extremadamente reduccionista de las pasiones e ideas de ese verdadero volcán humano.

Algo así señaló el ministro de Educación Esteban Bullrich en un acto en San Juan durante el cual sostuvo, en referencia a la imagen de Sarmiento, que en el gobierno anterior hubo una actitud errada hacia el sanjuanino, al tiempo que se declaró gran admirador de Sarmiento de quien dijo “que lideró una revolución educativa que puso a la Argentina entre las 10 naciones más importantes del mundo y hoy no estamos ahí”

La pregunta del millón es: Ministro Bullrich ¿Qué está haciendo usted para volver al lugar en el que nos puso Sarmiento y donde hoy no estamos?

La reciente publicación de las pruebas PISA que desnudaron el sembradío de ignorancia y falsificación que el kirchnerismo impulsó con gran enjundia durante la década ganada al puto de lograr que la República Argentina sea excluida de ellas le dan sin embargo una valiosa pista al actual titular de la cartera en cuanto al camino a seguir para intentar por lo menos escalar un poco en el ranking desde el profundo pozo educativo en que nos sumió la chapucería kirchnerista.

En efecto, dado que Singapur ha demostrado al mundo que “se puede” ganando las tres categorías mas importantes de las pruebas por amplio spread luego de haber revistado en el lugar 20 en otras anteriores, Sarmiento, de estar en el lugar de Bullrich, ya estaría haciendo las valijas para ir a ver in situ cual fue  el mecanismo que logró este verdadero milagro e importarlo a la Argentina cuanto antes.

No se le pide que funde 800 escuelas, ni que haga lo que ya está hecho, sino simplemente que enfrente el quedantismo docente y encabece la segunda revolución educativa promoviendo nuevas formas de enseñanza que incorporen las innovaciones tecnológicas en el proceso de aprendizaje como lo hizo este pequeño país asiático que en pocos años superó a las naciones más avanzadas del mundo.

Claro que no es fácil torcer la resistencia que seguramente van a oponer maestros y profesores anquilosados en las cómodas rutinas tradicionales apoyados por los gremialistas herederos de la inefable Mary Sánchez como Baradel que en lo único que piensan es en organizar la próxima huelga y ni que hablar de gobernadores feudales que ningún interés tienen en que el soberano se eduque, se dé cuenta de la mediocridad de sus gobernantes y relacione la ineptitud de ellos con su paupérrima calidad de vida.

En fin, ministro, tiene tarea para el hogar, pero tenga en cuenta que lo que haga o deje de hacer marcará la profundidad o superficialidad de la huella que deje a su paso por un ministerio que es fundamental para enderezar esta democracia enclenque y llena de vicios que supimos conseguir. ¿Usted está dispuesto a dejar de hablar, de pensar en la senaduría de la Provincia de Buenos Aires y a ponerse a trabajar para pasar a la historia? El país se lo agradecerá.

La “Reforma política”:otro parto de los montes

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Y la montaña parió un ratón. Después de rimbombantes anuncios y publicitadas reuniones con políticos, académicos, magistrados y cuanto bicho anduviera caminando por el vecindario y pese a la garra que le puso Rogelio Frigerio se terminó en una modesta reforma electoral de apuro que nadie entiende muy bien en que consiste, salvo la meneada cuestión de la BUE (boleta única electrónica) que tampoco está muy claro cómo se va a implementar.

Ya de entrada el macrismo metió la pata con el bautismo de la nonata criatura como “reforma política”, una entelequia que sirve tanto para un barrido como para un fregado (o para entusiasmar giles) pero que en definitiva en estas circunstancias tiene tanto contenido como una bolsa de aire.

En efecto, reforma política, lo que se dice reforma política fue la que se hizo en España en 1977 para establecer las pautas de la llamada transición del dictatorial régimen franquista a un sistema democrático plasmadas en la ley 1 que fue consensuada entre todas las fuerzas políticas y quintaesencia del “Pacto de la Moncloa”. Llamar a estas veleidades de la actualidad argentina de la misma manera es como llamar joya a una bijouterie, porque para que las reformas produzcan cambios deben ser estructurales no mera cosmética.

Sin embargo, es muy bueno que aunque sea intuitivamente se haya puesto el foco en la necesidad de purificar los procesos electorales con el objetivo -todavía lejano- de asegurar que se respete la voluntad soberana del elector que es la piedra angular de toda arquitectura normativa electoral.

Es que como sentenció el tan brillante como poco conocido pensamiento de don José Ortega y Gasset luego de su paso por la Cámara de Diputados de la II República de España “La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario.”

Traducido al criollo esta admonición significa que las manipulaciones del sistema electoral -que son una arraigada costumbre en este país- son las llaves que abren las puertas a la permanencia de una facción en el gobierno y semillero de deformaciones políticas que generan corrupción, nepotismo, atropello de las minorías y la consecuente deformación de todo el sistema democrático que termina convirtiéndose en una fachada al servicio del saqueo legalizado.

El tema es de vieja data. Desde las circunscripciones electorales dibujadas primero por Roca en 1902 y luego por el gobierno peronista en 1951 pasando por la ley de lemas, el tridente peronista de Duhalde gracias al cual tuvimos 12 años de kirchnerismo, el “voto joven”, o las más recientes internas abiertas obligatorias se han manoseado los procedimientos electorales en función de la conservación del poder y no de respetar la auténtica expresión popular que es la esencia del principio de la soberanía popular tantas veces declamado y tantas otras malversado.

Salvando las buenas intenciones de los promotores de la reforma electoral, lo cierto es que el sistema está aún lleno de parches y lagunas que no se van a remediar mientras las modificaciones se hagan en función de pactos políticos o conveniencias circunstanciales de los partidos mayoritarios y no de la protección de la voluntad de los ciudadanos.

Luis Orea Campos

Estado de sitio

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Por Luis Orea Campos

Con toda franqueza, los analistas, académicos y dirigentes políticos que acusan al gobierno de querer “conservar el poder” a cualquier precio dan tirria. Se está perpetrando ante sus narices un golpe de estado en cámara lenta y se pasan haciendo comentarios de peluquería.

Mientras discurren sobre la desmitificación del síndrome del pato rengo, el fenómeno de la popularidad de Scioli o la constitucionalidad de la expulsión del juez Cabral, el plan de control total sigue a paso redoblado llevándose por delante todas las instituciones que resguardan la libertad y los bienes de los ciudadanos.

Renombrados periodistas y dirigentes de diversas extracciones se horrorizan como primorosas señoritas en un burdel citadino de la procacidad del elenco gobernante, cuando no cierran con prudencia el pico para no ahuyentar votantes.

Suponer que con estos atropellos el kirchnerismo “sólo” quiere conservar una importante cuota del poder o “blindar a la dama” y a sus cortesanos ante previsibles indagaciones judiciales futuras es muy propio de la miopía y la estulticia que padece la gran mayoría de quienes aspiran a suplantar a  los actuales detentadores del poder. Y el error es grave, porque lo que quiere el kirchnerismo no es conservar el poder sino el dominio total y absoluto de la sociedad, ponerla en un virtual estado de sitio permanente como colofón de las “modificaciones” que están en marcha a golpe de furca.

A eso apuntan todas las medidas adoptadas y las que se van a adoptar en los pocos meses que faltan para las elecciones generales. Por eso el consigilieri de la presidente no se anda con remilgos a la hora de aplicar el conocido (¿O no tanto?) apotegma de su idolatrado Mao: “el poder nace de la boca del fusil”

Claro que lo hace en versión siglo XXI y ordena a los 140 y pico de fusileros que tiene en ese aguantadero que llaman Congreso disparar fuego graneado en clave de ley sobre la justicia o sobre quien sea para derribar la última valla que separa al país de un régimen totalitario disfrazado de democrático.

Alguien puede pensar que esta prospección es exagerada como lo pensaron muchos cuando en mayo 2011 aquí, en el Informador Público y en otra hoja, se anticipó todo lo que iba a pasar si el kirchnerismo ganaba las elecciones en las cuatro notas tituladas “El huevo de la serpiente”. Y todo lo que se anunció luego pasó mientras la sociedad gemía plañideramente sus inútiles lamentos a pesar de haber visto a través de la delgada tela del huevo el retoño  de la feroz serpiente que aún destila acciones envenenadas.

¿Qué es el estado de sitio sino la suspensión “transitoria” de toda garantía constitucional?¿Y qué es lo que están haciendo de facto y virtualmente el gobierno y su escribanía parlamentaria? ¿Videla no tenía acaso la “Comisión de Asesoramiento Legislativo”(CAL) que dictaba a su orden todas las normas necesarias para legitimar las atrocidades de la dictadura?¿Cuál es la diferencia con el presente?¿Los aburridos, mediocres y estériles discursos de los opositores?

Si la Corte Suprema no frena de inmediato esta ordalía de abusos, fiscales y jueces permeables al poder político por miedo o complicidad  instalarán un virtual estado de sitio en el que todos los ciudadanos vivirán una ilusión de democracia, en el que su libertad, sus derechos y sus bienes también serán una ilusión transitoria,  expuesta a la arbitrariedad de los miembros de la nomenklatura y sus sicarios fiscales, legislativos y judiciales.

Como sea, no es una tarea fácil para el Alto Tribunal detener el golpe, porque debajo de la superficie de aparente normalidad hay miedo, y fundado, ya que razonablemente nadie quiere ser “inducido” al suicidio o convertirse en el blanco móvil de los fusileros mediáticos del gobierno en el marco de una sociedad acomodaticia que no considera necesario reaccionar, y que como ya hizo en otros momentos aciagos de la historia del país no sabe, no contesta.

El misterioso encanto del señor Scioli

Scioli pensandoQue Mr. Scioli es un fenómeno político está fuera de discusión. Su falta de luces es tan brillante que encandila, pero su nombre rebota por aquí y por allá, se sumerge y vuelve a emerger, desaparece y vuelve a aparecer en las
inestables arenas de la política argentina como candidato a todo. Carente absoluto de ideología alguna, predicador irredento de los más comunes de los lugares comunes, autor de  frases célebres por su profundidad como la olvidable “con el hambre no se jode” y de iniciativas tan peregrinas como la baja de la edad de la imputabilidad, ha vuelto del infierno de su impotencia frente a la inseguridad para sonar en los cenáculos políticos como el “candidato de reserva” para candidaturas varias tanto en los cálculos estratégicos del Peronismo Federal como del kirchnerismo.

Su reconocida ubicuidad y su dignidad de goma, que los malpensados tildan de “felpudismo”, ha llevado al extremo de que  algunos analistas de pluma estelar –  los mismos que se admiraban del brillante intelecto de Cristina Kirchner – en el paroxismo de su desconcierto,  comparen metafóricamente su sumisión canina ante las afrentas y las exigencias de sus patrones políticos con la enorme dignidad de Mohandas Karamchand Gandhi frente al poder de los conquistadores ingleses.

Como en una charada diabólica es tan difícil decir de él algo malo como algo bueno. ¿Quién puede decir que una infusión de boldo es nociva?  Y por el contrario ¿Quien puede asegurar que sirve para algo?.  Increíblemente ése, es su mejor capital para figurar en los primeros escalones de algunas encuestas y fantasear con sueños presidenciales.

La insoportable levedad de su consistencia política surge ante el mínima contraste de su limitado discurso de 300 palabras con la solvencia intelectual de un Fernando Henrique Cardoso, la profundidad del pensamiento de un Pepe Mujica,  la autoridad moral de un Lula Da Silva o la talentosa lucidez de un Alan García por citar sólo ejemplos vecinos.

Es cierto que la comparación puede parecer injusta porque todos ellos se han forjado desde su mas temprana juventud en las luchas políticas de altura, preñadas de ideales y de legítimas ambiciones de protagonismo, han ganado y perdido mil batallas y su personalidad se ha acrisolado en los avatares de esos combates de ideas sobre lo que es mejor para una sociedad. Detrás de ellos hay una larga historia. Detrás de Mr. Scioli poco y ligth.

Pero eso es lo que vuelve aún mas misterioso el nivel de expectativas electorales que despierta un sujeto políticamente anodino, cuyos pálidos blasones se emparentan más con las carreras de lanchas que con la cosa pública  y cuyas luchas políticas se reducen al uso propagandístico de su fama deportiva por sucesivos mentores  y a esquivar balas y doblar las rodillas con una impenetrable sonrisa de plástico en las miserables reyertas partidarias libradas en los sótanos de la política.

Sin embargo, la explicación de la misteriosa performance de este personaje no es tan compleja como puede parecer a los asombrados observadores del acontecer político de la Argentina.  Mr. Scioli no es un fenómeno en sí mismo, es la síntesis humana de un fenómeno social que no es exclusivo de la Argentina, es el jardinero Chance creado por el genio del escritor polaco Jerzy Kosinski que inmortalizó el inolvidable Peter Sellers en la película “Desde el jardín” o “Being there” en su título original.

Para los que no la vieron, se trata de la historia del jardinero Chance, un analfabeto al cual una serie de coincidencias lo lleva a vivir en la casa de un millonario, donde muy pronto su extraña manera de pensar y sus simplones refranes de inspiración botánica son tomados como perlas de sabiduría. Su fama crece y crece, pero él no se inmuta hasta que, paso a paso las casualidades y la ausencia generalizada de materia gris lo llevan a ser propuesto ….. para presidente de los EEUU!!!.

Que cierta parte de la dirigencia peronista  esté cifrando en la supuesta popularidad de Mr. Scioli sus esperanzas de continuar en el poder no es para nada extraño dado el nivel subsolar de sus líderes, que huérfanos de la grandeza política que se necesita para proyectar a la Argentina hacia su integración al mundo desarrollado, se aferran a cualquier mariposa de colores que atraiga votos con tal de ganar la siguiente elección y acceder a o mantener su mezquina cuota de poder..

Sin duda, el mismo Mr. Scioli, con su reconocida enjundia intelectual podría sintetizar en una de sus sabias máximas  la razón suficiente que explica esta distorsión sociológica que lo único que promete es llevar al país a su enésima frustración: “Es lo que hay”

N.R.:esto fue publicado el 17 de octubre de 2010

En el reino de la hipocresía judicial

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Por Juan Ruiz

El 16 de mayo de 2014 la ciudadana argentina Mónica Anabel Murciano descendió del avión que la llevaba a San Pablo junto con sus hijos Clara y Richard para cumplir la orden judicial expedida por la jueza argentina Silvia Guahnon fundada en que en virtud del “interés superior de los niños” debían volver al país (Brasil) en el cual residía su ex marido del cual se había separado y resolver allí la cuestión de la custodia.

De inmediato, según relata la víctima de este episodio funambulesco en su página de Facebook, http://tinyurl.com/mazohmt, “me estaba esperando un oficial de justicia junto a dos policías y una camioneta blanca en la pista de aterrizaje, me arrebataron a mis hijos Clara y Richard de y 4 y 7 años, que gritaban y daban patadas, para poder liberarse de las manos de esos extraños, yo me descompuse y me caí en medio de la pista mientras veía la camioneta blanca irse, y nadie me asistió”

Para hacerla corta, luego de que el tipo consiguiera que le “restituyeran” los hijos al poco tiempo incumplió los términos de la sentencia brasileña y desapareció con ellos violando la interdicción de salida. Luego de ser buscado intensamente Interpol lo localizó… en Hong Kong, donde hoy se libra la batalla judicial http://tinyurl.com/q6ab8sl por la tenencia.

Recientemente este drama maternal se repitió en un caso similar que tuvo gran repercusión pública cuando el marido estadounidense de Ana Alianelli intentó escaparse con los hijos de la pareja en un aeropuerto para eludir la audiencia que debía realizarse en Aspen (Colorado) luego de que la justicia argentina le entregara los menores prohibiendo a la madre que se les acercara.

¿Cuál es el origen de estos episodios traumáticos que someten a los niños y a sus madres a los avatares de una verdadera película de terror? Se llama “Convención de La Haya sobre sustracción internacional de menores” y es un tratado supranacional del que la Argentina es parte.

Esta normativa está destinada a evitar que uno de los progenitores cambie unilateralmente el lugar de residencia de los hijos de ambos estableciendo en su articulado un mecanismo que se supone debería resultar en el inmediato regreso al país de “residencia habitual” para que las cuestiones relativas a la custodia sean resueltas ahí.

Irónicamente en teoría el nervio central de esta estructura jurídica es la preservación del “interés superior del niño” concepto éste acuñado en la Convención sobre los Derechos del Niño celebrada por países integrantes de las Naciones Unidas en 1989 que dada su consistencia gaseosa cada juez interpreta a su manera.

En la Argentina ya hay un criterio sentado en la justicia respecto del significado de esa misteriosa directiva: no importa si el progenitor requirente es violento, maltratador o psicópata -como sucede en la mayoría de los casos en que la mujer huye del hogar con sus hijos-, no importa el feroz trauma que le provoca a los niños verse separado brutalmente de su madre, no importa lo que todos los jueces saben que el marido tratará de impedir a la mujer el contacto con sus hijos escudándose en la justicia de su país que por supuesto no escuchará a una sudaca atrevida que desafió su ley, no importa que hayan transcurrido varios años y los niños se hayan afincado en el país, no, hay que mandar de vuelta a la desacatada y sus retoños para que se arrastre delante de los estrados extranjeros y arregle sus asuntos por su cuenta gastando fortunas que no tiene en euros o dólares para pagar abogados.

¿Y el interés superior del niño? “Eso es una entelequia” le dijo un juez en cruda confidencia a un letrado “nosotros no estamos para hacernos cargo de los problemas de las madres y de los chicos sino para aplicar la ley”

Obviamente esa actitud ponciopilatesca se lleva a cabo mientras en sus fallos los togados se hacen gárgaras con la declaración universal de los derechos del niño, el interés superior del niño y toda esa parafernalia semántica detrás de la que ocultan hipócritamente no sólo una realidad tan brutal como puede ser la separación de niños de corta edad de su madre sino su temor a la reprimenda de alguna Corte internacional a sabiendas de que le están produciendo al menor un daño psicológico irreparable. Como dicen las películas americanas, un daño colateral.

Porque hay que ser caradura para escribir en una sentencia que un niño que vivió cinco o seis años en la Argentina “no cumple el estándar del art. 12 del Convenio de La Haya” que dice expresamente que no es obligatoria la “restitución” de esa cosa llamada niño cuando quede demostrado que el menor “ha quedado integrado en su nuevo ambiente”

No hace falta ser un erudito para darse cuenta sin necesidad de prueba alguna de que un niño en ese tiempo se hizo de amigos, compañeros, familiares, un hogar y un ámbito conocido y amigable, es decir que ha echado raíces, se ha integrado al medio, pero para la justicia argentina el respeto al interés superior del niño no consiste en el respeto a su inteligencia emocional, a su voluntad de permanencia, a la intensidad de su vínculo materno filial sino en el regreso a su país natal aunque ello importe, como es común, destrozarlo emocionalmente.

Porque lo que no tienen en cuenta esos magistrados -y algunos “defensores de menores” es que los niños no tienen nacionalidad, son niños aquí y en cualquier lugar del planeta, nada saben de leyes desgraciadas que dictan los adultos, y su primer deber es proteger su integridad humana adoptando la solución que mejor atienda a la preservación de su esfera afectiva concreta y su desarrollo armónico, no el intangible “interés superior” con que adornan sus sentencias para simular que cumplen con el objetivo enunciado en la Declaración de los Derechos del Niño: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado de todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente, en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad.”