El huevo de la serpiente I

La emergencia incipiente de un polo opositor encarnado por la UCR – que recién en los próximos días mostrará su consistencia – ya ha suscitado en la gran prensa expectativas desproporcionadas con la real dimensión del acontecimiento, generando una atmósfera engañosa que puede turbar la visión de analistas y dirigentes creadores de opinión llevándolos a enredarse en el análisis de cuestiones accesorias que distraerán la atención pública de lo que verdaderamente importa y está en juego: la confrontación no de nombres sino de “modelos”.

En efecto, si alguna virtud tuvo el proceso de experimentos políticos denominado popularmente como “kirchnerismo” en sus ocho años de vigencia fue la de delinear claramente su propia morfología ideológica y conductual.

Ninguna persona medianamente informada puede alegar hoy que ignora las circunstancias, los valores y las reglas con que se sostiene esa compleja amalgama de intereses en que se ha convertido el “oficialismo”. Parafraseando aquella festejada ocurrencia de Borges, se puede afirmar sin temor al equívoco que a los kirchneristas “no los une el amor sino el interés”… por el poder y el dinero.

Sin embargo, esa característica tan prosaica ha derivado, como consecuencia de la muerte de su numen, en una especie de ideología – entendida ésta como un núcleo de ideas sobre cómo debe conducirse una sociedad – que se expresa en el desprecio por las instituciones republicanas y que exhibe una aspiración totalitaria que se manifiesta en la degradación de la Constitución, la reducción de la justicia  y de la ley a nivel de meros instrumentos de la facción dominante, el ejercicio autoritario del poder, la impunidad de los allegados, la persecución de los “enemigos”, la enorme transferencia de recursos del Estado a bolsillos particulares, el amordazamiento de la opinión, la exacerbación masiva de los sentimientos de venganza en algunos sectores sociales, el aislamiento del mundo y tantas otras lindezas que no vale la pena seguir inventariando aquí por su extensión.

En efecto, mirado desde la teoría política, el que impulsan Carlos Zanini y Horacio Verbitsky – con la señora Fernández como mascarón de proa – efectivamente es un “modelo”  cuya consigna elemental no se entretiene en disquisiciones  teóricas sino que afirma crudamente que el que tiene el poder puede hacer lo que quiera con la sociedad y sus mecanismos funcionales.

Este “modelo”, descripto por el matemático y filósofo inglés Bertrand Russell  como del “poder desnudo”, sustentado en el miedo colectivo, se contrapone al vigente hoy en el mundo desarrollado y en países vecinos basado en instituciones sólidas, el respeto a la ley, la seguridad jurídica y la independencia de los poderes del Estado.

Dado que desde el gobierno se extiende ex profeso un manto de confusión, para comprender las diferencias entre ambos es preciso tener en claro que el grupo V+Z (Verbitsky + Zanini), mentor de La Cámpora, propician el perimido “modelo” Estado Omnipotente de economía no planificada sino subordinada en el que éste es quien decide sobre las vidas y haciendas de los ciudadanos en todas las instancias concentrando en manos de quienes lo conducen la totalidad de los resortes políticos, económicos, judiciales y legislativos, directa o indirectamente según sea el caso, tal como lo hace en Venezuela Hugo Chávez.

Si bien por razones estratégicas todavía este “modelo” se mantiene en estado embrionario en la actualidad bajo un disfraz seudodemocrático – hasta Hebe de Bonafini se calló – es obvio que su “profundización” anunciada por diferentes voceros del kirchnerismo conducirá directamente a la instauración de un estado totalitario y omnipresente.

Pese a que esto que es tan evidente a muchas personas les resulta difícil o exagerado creer que ese camino de “profundización” termine en tales extremos, y esta inconsciencia de sectores medios adormecidos por una artificiosa sensación de estabilidad económica es la mejor aliada de los planes del grupo.

Este tipo de situaciones ya fue abordada hace muchos años por la poderosa pluma de Bertolt Brecht poniendo esta sentencia en boca del siniestro personaje que hacía experimentos con seres humanos en los albores del nazismo en su reconocida obra “El huevo de la serpiente”: “Nadie va a creerte a pesar de que cualquiera que haga un mínimo esfuerzo puede ver lo que depara el futuro. Es como un huevo de serpiente. A través de la delgada membrana, se puede distinguir a un reptil ya formado.”

En resumen, es importante que la sociedad asuma que no se trata en esta complicada circunstancia histórica de la simplificación tipo “Ricardito vs. Cristina” compitiendo en un mismo espacio de centroizquierda que propone el reduccionismo malintencionado del grupo V+Z, ni de dos opciones instrumentales dentro de un mismo sistema, sino de elegir entre dos proyectos de país de muy diferente cuño, uno que propone la preservación de las libertades públicas y del sistema democrático republicano y otro que promueve el control total de la sociedad desde el Estado.  (continuará)

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