Hazme una señal

Deben haber pocas actitudes tan risibles como la de esos meteretes que se ponen detrás de alguien importante entrevistado por un movilero de TV y se mueven de un lado a otro para que la cámara los registre. Este es el triste papel que hizo la presidente argentina corriendo detrás de una foto con Obama – tenebroso representante del monstruo imperialista que combate su amigo el heroico Hugo Chavez – papel que sin embargo fue celebrado por la corte de chupamedias que la acompaña como si fuera el mas exitoso acontecimiento del año.

En el año 2007 durante la campaña presidencial, mientras unos cuantos articulistas famosos de grandes medios alababan la “brillantez intelectual” de la señora Fernández, desde esta columna se sostenía – con conocimiento de causa y como recordarán nuestros lectores – que era “sólo una fiel representante de la mediocridad argentina, cholula y banal, – aunque a diferencia del montón con una llamativa habilidad retórica y mnemotécnica – con cero capacidad para dirigir el país””

Ciertamente es detestable tener razón cuando lo que está en juego es nada menos que la suerte del país, pero a esa altura el periodismo de las grandes ligas ya debería haber aprendido que disimular ante la opinión pública las limitaciones de este tipo de personajes siempre resulta en un mal negocio para todos. Por fortuna los ruegos de quienes deseaban que se deshiciera del tutelaje de su marido no llegaron al cielo porque el desastre hubiera sido mayor. Al menos Néstor Kirchner sabe mucho de usura, negocios inmobiliarios y contabilidad casera.

Como consecuencia de lo que ahora todos se dan cuenta, es decir la conducta rayana en la bobería de la presidente de los argentinos, todo lo que hoy ocupa las primeras planas de los diarios tiene como denominador común la desconfianza – fundada por cierto – en los fines perseguidos por el matrimonio con sus movimientos tácticos.

A nadie por mas lelo que sea se le escapa que con la ley de medios audiovisuales la conducción bipolar del gobierno no busca establecer reglas claras y equitativas ni desarticular imperios comunicacionales, sino amordazar investigaciones y crear una exclusiva plataforma de lanzamiento mediático para su descabellada idea de perpetuarse en el poder. Todo otro debate sobre la conveniencia o la justicia de la ley es intrascendente porque Kirchner ha convertido lo que debería ser una cuestión de Estado en pérfido instrumento de sus torcidos planes.

Esta movida cierra con la próxima jugada que consiste en reformar la legislación electoral y partidaria, y que no persigue el loable objetivo de mejorar la calidad político-institucional, sino el más prosaico, mezquino y tramposo de extorsionar a gobernadores e intendentes para sostener su candidatura rumbo al 2011.

Como dicen los analistas que saben, después de tropezar con el rechazo del 70% de los ciudadanos Néstor Kirchner recuperó la iniciativa a costa de una “oposición” anodina, conventillera y carente de creatividad, pero se olvidan de aclarar de qué le sirve eso al país cuando las sombras de la recesión y de la anarquía se ciernen ominosas sobre los argentinos.

Por cierto, ¿Qué empresario argentino o extranjero se ariesgaría a poner un peso en el país con la esquizofrenia conductual incurable que aqueja al gobierno de Kirchner y Cia.? ¿Quien en su sano juicio puede esperar que sin inversiones privadas y sin seguridad jurídica la economía crezca lo suficiente para financiar el déficit consolidado que ya se advierte en la Nación y las provincias?

La conclusión es clara, el principal obstáculo para superar el azote de la violencia que viene tiene nombre y apellido. Mientras no se lo remueva los argentinos seguirán viendo crecer el hambre, la marginalidad, la desocupación, la inseguridad, el narcotráfico, la enfermedad y la protesta social, entre otros presentes griegos que el matrimonio le dejará al próximo gobierno, suponiendo que la inmutable indiferencia de la clase media y los desórdenes sociales le dejen llegar al 2011.

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