El país de los pechos fríos

Está confirmado. Gran parte del pueblo argentino y de sus dirigentes han decidido que las tropelías de todo calibre que comete el matrimonio gobernante son el mal menor y por consiguiente hay que tolerarlas hasta el año 2011, en nombre no de una democracia republicana que no entiende ni está incorporada aún a su cultura política, sino como consecuencia de una intrincada maraña de intereses, necesidades, pasiones e intrigas cruzadas que sumadas a la desorientación general paralizan cualquier atisbo de correción del rumbo errático y equívoco que ha marcado la gestión kirchnerista de los negocios públicos especialmente desde que el viento le sopló en contra, aunque como reza un añejo adagio marinero todos los vientos son malos para el que no sabe a donde ir.

Al parecer todas las muestras de necedad, impericia, irresponsabilidad, desprecio por las instituciones, caradurez, hipocresía y peligrosidad que prodigan diariamente los Kirchner no son suficientes para que estalle la indignación acumulada y la sociedad llegue a la conclusión de que su apartamiento del poder es imprescindible para recuperar la estabilidad perdida e iniciar cualquier proyecto político destinado a insertar a la Argentina en un mundo en el que cada vez está más rezagada.

Las prudentes advertencias de quienes ven mas allá de sus propios intereses acerca de la dimensión del daño causado en todos los órdenes por las demagógicas medidas impulsadas por Kirchner SA caen en saco roto para aquellos segmentos sociales que tienen capacidad de provocar cambios sustanciales en la conducción del país pero miran impasibles el aquelarre, porque en su lógica individualista y miope les da igual que la pareja siga destruyendo el país o que se vaya del gobierno, de todos modos creen estar blindados contra cualquier contingencia que arrase al resto.

Por su parte reputados analistas de importantes medios gráficos que saben positivamente – y lo dicen – que los Kirchner no piensan cambiar un ápice su nociva conducta insisten sin embargo con la letanía de que “hay que preservar la gobernabilidad a cualquier costo” aunque se cuidan muy bien de arriesgar alguna receta para lograr tamaña maravilla cuando un mono con navaja y su compañera están al mando del Estado.

En este recuento ni siquiera merecen comentario alguno los “ganadores” del 28J que se prestaron como consumados mentecatos a la parodia de diálogo montada por el oficialismo para ganar el tiempo necesario a fin de reagrupar la tropa y lograr el nuevo “triunfo” en el parlamento que desató sonoras carcajadas en los aposentos de Olivos por la facilidad y la resignación con que los opositores cayeron en una emboscada tan obvia.

Todos cómplices de la permanencia de un “modelo” que pese a cinco años de bonanza económica sigue en emergencia, perdió mercados externos ganados con duro esfuerzo de toda la sociedad, enriqueció a mentores y amigos, complicó la economía con una maraña de subsidios cruzados, hizo del dispendio y la discrecionalidad una política de estado, destruyó la cadena productiva de un sector vital para la economía nacional y fabricó tantos pobres que debordó el stock que la Iglesia considera suficientes para su labor pastoral desatando el fuerte anatema papal.

Teniendo en cuenta el tiempo que llevó a los creadores de opinión darse cuenta de que las brillantes luces que atribuían a la señora Fernández eran luciérnagas nocturnas y que en cuanto a sus dotes estratégicas Néstor no era Tzun Zu sino el Yeneral Rodriguez a esta altura del partido ya está claro que los únicos capaces de sacar a los Kirchner del poder antes de que terminen de romper todo son … los Kirchner, porque el resto está a la deriva entre la indiferencia, la impotencia, la especulación y la tontería.

Está a la vista de quien quiera mirar que la única salida para evitar los males mayores que traerá la permanencia de una recua de pelafustanes engreidos en el gobierno – algunos de los cuales tienen vergüencita ajena pero no vergüenza propia – pasa por barajar y dar de nuevo, pero nadie se anima a ser el que traiga el mazo porque para esta sociedad de temerosos pechos fríos que se autodenominan ciudadanos es mejor refugiarse en el refrán que acuñó la sabiduría del hoy personaje estrella don Julio Grondona: “Todo pasa”.

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