Por cierto el pantano pestilente en que se ha convertido el proceso eleccionario que culminará el 28 de este mes gracias a la habilidad
del primer caballero para empiojar todo lo que es susceptible de ser deformado y moralmente biodegradable en el mundo de la política y el derecho es una muestra acabada del profundo pozo de decadencia cívica y jurídica en que ha caido la Argentina. 
Jueces, fiscales, candidatos y dirigentes de toda pelambre se contorsionan obscenamente al ritmo de curiosas danzas bananeras que tienen en común estar divorciadas de cualquier sentido legal dejando al humor de Gran Cuñado reducido a un modesto chascarrillo sin que a ciudadanos perplejos y perdidos en la neblina de este espectáculo espantoso se les mueva un pelo.
Baste leer los comentarios de lectores en los principales diarios del pais para advertir la soberana confusión que reina en la mente de quienes van a decidir la suerte de sus familias en las fatídicas horas del comicio venidero.
Al parecer todavía son muchos los que aún no han caido en la cuenta de que el matrimonio en ejercicio del gobierno no tiene límites en su desesperado esquema de retención del mellado poder que aún conservan y sueñan despiertos con que después del 28 el rayo de las urnas haga que cual Saulo de Tarso Kirchner y señora convertidos al misticismo como Elisa Carrió se allanen al diálogo y busquen consensos para enfrentar las turbulencias económicas y sociales que se avecinan, sin poder creer aún que el dúo mas mentado no va a trepidar en destruir lo que sea con tal de satisfacer sus lucrativos intereses patrimonales y sus rencores africanos a pesar de todo el empeño que pone para dejárselo en claro hasta al menos avisado.
Es increible que tantas personas preparadas no adviertan que la manera segura de que se produzca efectivamente lo que se quiere evitar con esa ilusión – el desmadre social económico e institucional – es la continuidad de este gobierno de mamarrachos y obsecuentes payasos parlanchines de grandes bigotes y pequeño cerebro, sin ideas ni programas en un contexto de cuentas públicas ensombrecidas.
Hasta los analistas políticos que supuestamente deben orientar a la opinión pública se pasan especulando con los resultados electorales como si se tratara de un partido de fútbol o un match de box en el que un desenfrenado Kirchner ocupa el centro del ring virtual cual si fuera un campeón en lugar de marcar el enorme daño que esta mediocre gestión le ha hecho al país y cuyos efectos devastadores se proyectarán por años.
Es cierto que en el planeta se han desequilibrado muchas cosas y no sólo las finanzas, ministros ingleses usan la caja chica para pagar gastos personales y comprar pornografía con dineros publicos, el presidente de España al mejor estilo Néstor usa aviones del estado para la campaña partidaria y sigue un largos listado de conductas preocupantes en esferas gubernamentales de varias latitudes, pero como siempre la proverbial propensión de la Argentina a colcocarse en los mejores lugares del pelotón de los extraviados hace que los barros de otros lados sean aquí un lodazal infectado con la gripe porcina porque son tantas las chanchadas que se hacen y se dicen a diario que despejan toda duda de que como dijo la erudita sanitarista licenciada en arte que supimos conseguir como ministra de salud (¡Que país generoso!) «la peste está entre nosotros y vino para quedarse» .
Para echar un poco de luz sobre este asunto es menester advertir que en
realidad lo que sucede es que la sociedad no sabe como resolver el acertijo político que significan dos descerebrados en el poder y espera que el curso de los acontecimientos resuelva la cuestión por si mismo cuando la lista de sus chapucerías sea tan larga como para disparar la reacción popular que haga tronar las cacerolas.
Seguramente todo el mundo estaría de acuerdo con los ilusos que piensan que la pareja presidencial puede cambiar su matriz obtusa, arrogante y pendenciera y terminar su mandato a pesar de los estropicios que ya han causado siempre y cuando alguien garantizara que la evidente falta de idoneidad de la presidente y la dispepsia mental de su marido no van a terminar antes con la Argentina ya que por lo visto si hay algo a lo que Néstor Kirchner y su cohorte de paniaguados y beneficiarios de canonjías están firmemente decididos es a terminar con el añejo mito de que «a este país no lo funde nadie».