Cambalache

La patética imagen de la presidente holográfica de la republiqueta bananera en que ella y su consorte han logrado convertir a la Argentina ( recuerde, los Kirchner lo hicieron!) explicando con amoroso tono maternal a los millones de famélicos desamparados como hacer para pasar una navidad en familia con 9 pesos es la vera estampa de un país moralmente mucho mas derrotado que el de 2001.

Los signos vitales de la sociedad han desaparecido y ya se acepta con cruda resignación que los títeres oficialistas y oportunistas que habitan en el Congreso nacional convaliden la más feroz agresión al sistema tributario que se vio jamás en el país, mientras se discute ardientemente si hacen falta 128 o 129 culos para abrir las puertas al latrocinio.

Entre un amplio menú de negocios turbios en marcha, a partir de la sanción del blanqueo ya no se necesitarán los servicios de Uberti ni de Antonini para traer los dólares de los retornos por la venta de los bonos argentinos en Venezuela ni los empresarios amigos del poder tendrán que justificar el oscuro origen de fondos extramuros ante la AFIP ni los traviesos que hayan sido procesados por evasión pagarán su osadía.

Lo horroroso de este panorama no es que la pandilla gobernante siga ideando y ejecutando nuevas formas de transferir dinero a sus arcas en el medio de la crisis, sino que lo haga frente a las narices de cuarenta millones de comentaristas que miran perplejos, abúlicos e impotentes como además siguen haciendo destrozos institucionales para garantizarse impunidad con el auxilio de sedicentes turiferarios disfrazados de representantes del pueblo que esperan ser ecompensados con generosas sinecuras.

En rigo de verdad, los que se callan y simulan que este vodeville de anuncios carnavalescos e improvisados es un gobierno al que hay que soportar hasta 2011 en nombre de la democracia son cómplices silenciosos de la ruina general que sin duda sobrevendrá a esta gestión.

Es una franja que va desde los que esperan el derame de los fondos saqueados a los futuros jubilados, la de los pícaros ingenuos que creen en el cuento del O Km., del taxi nuevo o del electrodoméstico en cuotas hasta la de los medianos y grandes tiburones que verán disiparse las nubes que pesan sobre sus legajos impositivos y su libertad. Todos cómplices.

Porque los demás, los que ya se han convertido en sobrviviente carne de urna no pueden pensar siquiera un paso mas allá de los farandulescos programas de Tinelli.

Cuando sobrevenga el aquelarre, es de esperar que los que le piden cambios de conducta al matrimonio sabiendo que es un imposible no lloren como mujeres lo que no supieron impedir como varones porque ese cuadro miserable se ha visto tantas veces que va a ser muy aburrido.

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