Fujimori II

kirchner nestor presidenteLa reciente peripecia aeronáutica sufrida por el aprendiz de presidente que ejerce la primera magistratura del país definitivamente ha puesto sobrerrelieve algunas de las consecuencias que pueden acarrear arranques estudiantiles en tan altas funciones.

Puede que el ajuste al protocolo y a las medidas de seguridad no liberen a los funcionarios de contingencias siempre posibles en el acaecer humano – como quedó demostrado por resonantes magnicidios que se perpetraron a pesar de los sofisticados dispositivos de custodia – pero por cierto disminuyen en apreciable grado la probabilidad de su ocurrencia.

Sin embargo existe un notorio contraste entre esas actitudes juveniles y parademagógicas dirigidas a convencer a la ciudadanía de que él encarna una nueva clase dirigente desprovista de las mañas y berretines aristocráticos de la vieja, y la explícita campaña de “construcción de poder” que ha emprendido hacia el interior del sistema político buscando colocar una mayoría de simpatizantes en los puestos claves del tablero para asegurarse la aprobación de sus actos y el respaldo a sus iniciativas cualesquiera ellas fueran.

Demás está decir que tal estrategia corresponde a una visión política anticuada y engañosa que poco tiene que ver con el espíritu democrático imbuido de modernidad y desenfado que pretende transmitir hacia el gran público – con buen resultado por cierto – y que por el contrario con la excusa de afirmar su liderazgo reedita con nueva fachada viejas prácticas dirigenciales autocráticas y facciosas cuya previsible derivación es el desarrollo de cerrados círculos áulicos y futuras turbulencias de impredecible desenlace, ya que se sabe cuando comienza la siembra de vientos pero no cuan grande será la cosecha.

Con la oposición desarticulada, su propio partido profundamente dividido, y una opinión pública ávida de creer en alguien, puede parecer que el campo se le hace orégano al señor Kirchner para refritar la idea del “tercer movimiento histórico” transgeneracional y superador en la que se empantanó Raúl Alfonsín, pero es dudoso que tal nebulosa empresa tenga otro destino que el fracaso que coronó a su predecesor ya que mucha agua ha corrido desde entonces bajo el puente y esa concepción “movimientista” huera de un proyecto nacional consistente con un mundo globalizado resulta una quebradiza cáscara sin posibilidad de consolidación.

Mientras tanto gente que compra livianamente las compadradas del señor Kirchner, grandes medios de prensa que acuciados por sus peripecias financieras lo aplauden zalameramente sin vergüenza alguna y legisladores de blandas rodillas que como decía Lucas Ayarragaray “resistirían una insinuación de Cleopatra pero no se si podrían resistir a una insinuación del presidente” pueden resultar en una riesgosa invitación a nuevos experimentos exóticos de penoso recuerdo y por ende en un cóctel sumamente dañoso para la restauración institucional que se proclama.

Bajo estas circunstancias quizás los ciudadanos, los medios, los legisladores y los gobernadores le podrían prestar a la Patria y al señor Kirchner un buen servicio marcándole con prudencia pero con firmeza los límites de su “estilo” reservando los aplausos para cuando se vean resultados efectivos, duraderos y proyectados en el largo plazo en orden al mandato constitucional de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.