¿QUERÍAN PASO? AHI LAS TIENEN

Jorge Landau

Néstor Kirchner

Antes que nada queremos recordar que la posición de esta columna respecto de las PASO ha sido invariablemente contraria a ese engendro ideado por Landau a pedido de Néstor Kirchner por constituir un avance inconstitucional del Estado sobre la zona de reserva de los partidos políticos, entre otras arbitrariedades.

La agrupación Juntos por el Cambio se negó férreamente a aceptar su suspensión en el proceso electoral en curso y bregó porque se mantengan dadas las expectativas encontradas de varios de sus dirigentes con relación a las candidaturas a cargos legislativos.

Ahora resulta que ni siquiera las PASO calman las aguas de las diferencias intestinas de la heterogénea alianza y los interesados salen a dirimir diferencias en los medios para delicia del oficialismo que se relame de antemano por la previsible división opositora que anticipan los chispazos mediáticos convenientemente azuzados por periodistas afectos al chismorreo político.

El mensaje que el espacio envía al electorado mas allá de las postales farandulescas es de una impericia política conmovedora porque en lugar de aprovechar en su favor las PASO para proyectar una imagen de democracia interna en franca contraposición a la autocracia del oficialismo donde rige estrictamente la “ley del dígito” le sirven en bandeja un espectáculo de egos y proyectos personales exacerbados en el que cada cual tira para su lado en perjuicio no sólo del conjunto sino de todo el país.

No es el caso discutir la indudable legitimidad las aspiraciones de cada uno de los precandidatos de JxC, pero no se entiende porqué teniendo la herramienta que consideraron adecuada para medir fuerzas y por cuyo mantenimiento tanto bregaron pierden puntos ladrándose en los medios para desazón de quienes esperan una actitud inteligente de parte de dirigentes que se suponen comprometidos con el objetivo de impedir una victoria del kirchnerismo que tire abajo todas las barreras que hoy frenan el avance de operaciones destinadas a  someter a la sociedad a los designios de una banda de parásitos belicosos decididos a imponer su visión arqueológica del Estado a cualquier costo.

Sin duda a Macri, Larreta, Bullrich, Vidal y siguen las firmas no les vendría a mal recordar que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones que se presume tienen todos los que compiten por lugares estelares en las nóminas de aspirantes de JxC.

 Para no meter en ese sendero a todo el país es imperativo reconfigurar la pobre imagen pública que emerge de sus tironeos poniendo todo el atractivo que creen tener los precandidatos al servicio de un proyecto serio superador de las miserias y papelones de un oficialismo sin rumbo cuya principal aspiración es lograr la impunidad de su conductora y sus feligreses presos.

Es muy fácil para la alianza opositora recomponer la situación y volver a una posición competitiva que genere expectativas favorables si sus líderes vuelven a la sensatez y comprenden que enfocar sus declaraciones en problemas externos al espacio y someter sin zancadillas ni empujones las pretensiones de cada uno al veredicto del electorado es la mejor estrategia para prestarle al país un servicio invalorable, porque todos tienen claro que perder la elección es dejar a la sociedad en manos de delirantes codiciosos atrapados en ideas y concepciones políticas prehistóricas, y como reza aquel viejo dicho español “Tan culpable es quien mata la vaca como quien le amarra la pata”.

A la oposición le falta táctica ¿O estrategia?

Por Luis Orea Campos

Algunos dirigentes de Juntos por al Cambio se muestran molestos en las redes por los reclamos de sus seguidores que exigen una mayor efectividad en la tarea de frenar los constantes abusos y atropellos a las instituciones perpetradas a diario por el oficialismo kirchnerista.

La respuesta casi invariable es: “¿Que quieren que hagamos? Somos minoría en el Congreso”. Casi una confesión de impotencia inadmisible en el ámbito político.

Esa impotencia tiene varias causas, todas de peso, pero hay una que encabeza la lista: no ha logrado cohesionarse en una fuerza organizada con una conducción única que defina la estrategia y diseñe movimientos tácticos que vayan clavando los mojones rumbo a la recuperación del poder.

Por el contrario, la oposición en su conjunto aparece ante la opinión pública como un rejuntado de dirigentes desorientados que bailan al compás que marca el oficialismo que sí tiene bien definidas sus prioridades y su esquema de pasos tácticos más allá de las cabriolas discursivas y los papelones del jefe de Gabinete de Cristina Kirchner devenido en presidente.

Para colmo mientras el oficialismo zapatea un malambo los opositores – salvo honrosas excepciones – pretenden bailar un vals sacrificando posiciones en el altar del gelatinoso concepto de corrección política “antigrieta”.

La sensación que dan sus pálidos y descoordinados movimientos es que no sólo se han resignado a dejar la iniciativa política en manos del kirchnerismo sino que carecen de una estrategia sólida y unificada que involucre tácticas eficaces para llegar al objetivo fijado. Hay confusión y demasiadas ambiciones en la cúpula. Como Francisco I y Carlos V todos los presidenciables están de acuerdo: todos quieren Milán.

No obstante, el camino de la oposición es muy claro. Suponiendo que tiene un plan de gobierno futuro consistente con su declamada intención de convertir a la Argentina en un país próspero, organizado e institucionalmente fuerte (sería éste el objetivo de largo plazo) los movimiento tácticos consecuentes deberían apuntar a recuperar al menos parte de la iniciativa apuntando al objetivo intermedio que es tener oxígeno y  poder de fuego en las elecciones de medio término. 

Lograr un buen resultado permitiría modificar la relación de fuerzas en el Congreso específicamente en Diputados y desde esa posición bloquear todo intento encaminado a la impunidad de los corruptos y a la transformación de la República en una sucursal del castrochavismo y  al mismo tiempo fogonear señales de que la derrota del kirchnerismo en 2023 a manos de la oposición no es una utopía.

Y obviamente no es que los dirigentes de JxC no lo sepan, sino que actúan como si no lo supieran! A pesar de toda la ayuda que reciben desde la presidencia y desde la gobernación de la provincia de Buenos Aires con increíbles torpezas y chapucerías dignas de figurar en el manual del perfecto idiota latinoamericano descripto por Vargas Llosa no atinan a anticiparse a las tramposas jugadas del contrario.

Por ejemplo, pasó desapercibido tanto en los medios como en las redes y como en la oposición un movimiento táctico del creativismo kirchnerista que apunta a apretar a la oposición para que acepte las inaceptables condiciones respecto de la reforma de la ley electoral.

Como el operativo “acuerdo” no les funcionó, los kirchneristas buscaron otra atajo para acomodar las cosas a su conveniencia electoral.

El pedido de inconstitucionalidad de las PASO presentado por el abogado santiagueño Francisco Cavallotti, sin perjuicio de su validez – invoca las mismas fundadas y serias razones que en esta hoja nos cansamos de reiterar una y otra vez – es por cierto una ingeniosa manera de que el proceso electoral entre en un farragoso laberinto judicial que termine en la imposibilidad de celebrar las encuestoelecciones llamadas PASO inventadas después de la derrota de 2009 por el histórico apoderado pejotista Jorge Landau a pedido de Néstor Kirchner.

Que los opositores se traguen estos sapos sin dedicarle un párrafo y sin darse cuenta ni atinar a encontrar medios de conjurar las elucubraciones oficialistas es lo que envía a la opinión pública un mensaje de incompetencia política que atenta contra sus posibilidades de obtener un resultado  ganador en las elecciones legislativas en línea con una estrategia eficaz para la recuperación del gobierno.

La proverbial habilidad de los cráneos kirchneristas para fabricar tramoyas exige de la oposición respuestas acordes que vayan mas allá del lamento, el comentario o el “repudio” y disipen en la opinión pública la sensación de que el oficialismo es  demasiado fuerte y astuto  para los pobres recursos políticos de sus opositores y por consiguiente se consolide la idea de que es mejor resignarse a la subordinación al más poderoso.

Claro está que eso requiere trabajo, organización, conducción, estrategia y tácticas creativas que una oposición entregada a disputas posicionales internas no muestra para desazón de quienes conforman la mitad del país que rechaza el modelo populista que le ofrece el actual gobierno.

No pasarán

Varios periodistas, politólogos y analistas de renombre que informan y opinan sobre los avatares que sufre el conglomerado opositor en su marcha hacia los compromisos electorales de septiembre y noviembre parecen no comprender la gravedad del desafío que se avecina e insisten en enfoques que, por un lado, alimentan las disputas ya de por sí infantiles que sostienen algunos de sus dirigentes y, por otro, se equivocan sobre la naturaleza del peligroso proceso político en que se encuentra inmersa la Argentina formulando recomendaciones sobre cómo deberían comportarse los principales protagonistas de la oposición y exigiéndoles precisiones sobre sus propuestas hacia el futuro, como si la sociedad estuviera viviendo un clima de normalidad social.

Por el contrario, lo que impera es la confusión, tanto entre los candidatos y precandidatos como entre los observadores del ámbito político y la ciudadanía en general, confusión que lleva -como en el caso de las vacunas- a la incertidumbre y a la abulia cívica del electorado, que contempla azorado y atemorizado los sainetes que protagonizan a diario tirios y troyanos de todos los partidos.

Comunicadores y analistas, salvo honrosas excepciones, soslayan la cuestión fundamental y se van por las ramas deteniéndose en tópicos irrelevantes en relación con el peligro inminente de caer totalmente en manos de una pandilla dispuesta a instaurar sin remilgo alguno el clásico modelo de dictadura latinoamericana que ha sometido y empobrecido a varios países de la región.

Es cierto que, como ha sucedido en otros lares, los opositores contribuyen generosamente a generar las condiciones para que prospere el proyecto totalitario que se acuna amorosamente en el Instituto Patria, pero las chambonadas de Larreta, las veleidades de estrellato de la Sra. Vidal y los arrestos teatrales de la Sra. Carrió no pueden ni deben ocultar el hecho de que estamos ante una amenaza letal para el sistema democrático encarnada en la viuda de Kirchner y sus talibanes Zannini, Parrilli y cía. Que, al decir de Ortega y Gasset, han vuelto a buscar la razón que tienen y de paso a llevarse la que no tienen, resucitando la voz de orden lanzada años atrás en Rosario: “Vamos por todo”.

La miopía de ciertos periodistas que alaban las dotes estratégicas de la viuda de Kirchner -que en realidad no hace sino seguir las reglas más básicas de un rústico manual de propaganda política- colaboran a crear en gran parte de la población la impresión de que no hay manera de librarse de las garras del engendro totalitario en ciernes anestesiando todo vestigio de reacción contra el futuro de opresión que prometen sus adalides a través de la suma del poder público que a la vista de todo el mundo y sin pudor alguno reclaman para sí la viuda y sus secuaces prestos a someter a su arbitrio al sistema judicial en caso de lograr su objetivo electoral de adquirir la mayoría propia en la Cámara baja.

Ese sombrío pronóstico es el que ha desatado el éxodo masivo de grandes empresas que manejan información clasificada y han preferido desensillar hasta que aclare ante la posibilidad de ser parasitadas y extinguidas por la voracidad un Estado convertido en aguantadero de malandrines.

Por eso, estas elecciones son cruciales para definir si la sociedad entra en el túnel del terror o levanta una valla infranqueable a la tentación totalitaria, como bien lo han señalado dirigentes que no han perdido la sensatez y alcanzan a ver los mecanismos de sometimiento prestos a irrumpir en el escenario a caballo de la anomia social y la indiferencia mediática.

Los factores mediáticos no deben perder el tiempo pidiendo precisiones programáticas ni los dirigentes ensayarlas porque, si hay algo que está claro, es que resultarán una fantasía si se concreta el objetivo de acumulación de la suma del poder público por medio del control de ambas ramas del Congreso que empuja a toda marcha y sin disimulo el oficialismo gobernante.

En lugar de ello, es un imperativo cívico esclarecer a la opinión pública sobre la importancia crucial de poner el foco en el frágil equilibrio de fuerzas en Diputados y no en las piruetas verbales y fácticas de los exponentes del oficialismo ni en las pobres riñas de ilusos opositores que protagonizan sus mediocres comedias en la cubierta del Titanic ajenos a las tribulaciones de un pueblo cansado de sus morisquetas intrascendentes.

El compromiso social que determinará el futuro de las instituciones y del sistema democrático y por ende de las generaciones venideras no debe distraerse con espectáculos pirotécnicos armados por los usufructuarios del poder y concentrarse en el sostenimiento del poder cívico condensado en una sola voz de orden: “No pasarán”.

Luis Orea Campos